Reunión del Soberano Capítulo Rosa Cruz Iberia nº 11 en Mafra

Iberia resplandeció de nuevo. Los Supremos Consejos de España y Portugal se reúnen, conviven, aprenden y hacen camino juntos. Toda reunión de esta “confederación” libre y voluntaria, renueva amistad, refuerza lazos y hace aflorar y constatar la espíritu universal y universalista de la Masonería.

HH del Supremo Consejo del grado 33 y último del REAA de España y Portugal, con sus Soberanos Grandes Comendadores, II. Y PP. Jesús Soriano Carrillo y Manuel Alves Almeida, juntos reafirman sus deseos de contribuir a un mundo mejor, más habitable, más fraternal, como expresaron en sus respectivas alocuciones en la Tenida, impulsando a los HH presentes al trabajo masónico en la dirección de mejora constante. Todos los años dos veces, una en Portugal y otra en España, HH. de los Supremos Consejos de ambos países se reúnen, una en España y otra en Portugal. Lo vienen haciendo desde que siendo Soberanos Grandes Comendadores de Portugal José Carlos Nogueira y de España Nicolás Arcas, firmaron los Decretos de Constitución del Sublime Capítulo Rosa Cruz, Iberia, N. 11, que materializaría un anhelo compartido por muchos HH y los Supremos Consejos de la península Ibérica.

Estos encuentros permiten realizar trabajos conjuntos en los que aflora amor y concordia entre HH. Y también brinda una ocasión de aprender, no sólo sobre la cultura del entorno que nos acoge en cada ocasión, sino de aspectos masónicos que subyacen en el territorio, audazmente seleccionado por los anfitriones en cada caso.

Esta vez, el encuentro, que tuvo lugar en la ciudad de Mafra, en las proximidades de Lisboa, acogía a una cincuentena de HH. Venidos de los territorios españoles y portugueses, dispuestos a compartir vivencias masónicas y culturales. Y aprendimos, ¡cómo no! El palacio Nacional de Mafra, erigido en el siglo XVIII (iniciado en 1717, por cierto) por el Rey Juan V de Portugal, cumpliendo una promesa de construir un monasterio, contraída con su mujer María Ana de Austria, al lograr darle descendencia, precisamente Doña Bárbara de Braganza, que posteriormente casó con Fernando VI de España. Lo que se inició como un modesto monasterio para trece franciscanos, acabó ampliándose para ochenta frailes, con más pretensiones al llegar el oro, tras la conquista de Brasil por parte de los lusos. Finalmente, el orfebre e ingeniero militar alemán Johann Friederich Ludwig diseñó un gran palacio, en el que trabajaron más de 52.000 personas y se inauguró en 1730, con motivo del 41º cumpleaños de Juan V, aunque la cúpula no estaba finalizada. Se puede considerar finalizada la obra en 1750. La piedra caliza de Mafra y Sintra y el mármol de Carrara como exigencia de perfección y sin vetas, sirvió para la realización de las esculturas por los escultores más acreditados de la época, principalmente italianos. Dos carrillones, inicialmente compuestos por 45 campanas cada uno, ponen la nota anecdótica al relatar que, en su día, el Marqués de Abrantes fue a informarse del precio de un carrillón, fijado en 400.000 reales, lo que le pareció una exageración. Consultado El Rey Juan V, ofendido, contestó “No suponía que fuese tan barato, ¡Compraré dos!

Declarado el conjunto en 1907 Monumento Nacional, incluye el antiguo convento, el palacio real con salas de instrumentos musicales, de juegos y de caza, una farmacia y un hospital para los frailes, así como una Basílica. Al contrario de lo que ocurre con el Escorial, como gran Iglesia y pequeño palacio, encierra sorpresas de entidad como “gran Palacio con una pequeña Iglesia”. La Basílica barroca, viene a compendiar sabidurías cabalísticas y alquímicas, en un continuo viaje que nos va llevando desde la iniciación hasta las más altas cotas de espiritualidad. Todos los símbolos de vida, exaltación y gloria, se ven expresados en esculturas y pinturas que interpretan el camino iniciativo. Dimensiones, formas, emplazamientos, orientaciones, arcángeles, en suma una articulación simbólica de la vida, como combinación ponderada de elementos esenciales: tierra, agua, aire y fuego que lagrimean irradiando por doquier una cuidadosa situación de elementos iniciáticos, incluyendo los puntos en los que la energía es neutra. El rey Manuel II pasó en él la última noche, antes de partir para el exilio.

El H Jose Medeiro, erudito, didáctico, expresivo en portugués y sorprendiendo, en suma, en español, asistido convenientemente por el Soberano Gran Comendador de Portugal Manuel Alves Almeida, nos desvelaron los secretos encerrados en tan monumental edificio, que incluye una fenomenal biblioteca, que alberga 30.000 ejemplares, que solo tuvo un libro de diferencia con la del Escorial y, por tanto, disponiendo de toda la información relevante en la época, no afectada ni minimizada por la inquisición y que hoy siguen guardando como diligentes servicios de vigilancia y limpieza los murciélagos encargados de su custodia. Miles de libros encierran todo lo conocido de un pasado esplendoroso que nos antecedió. Un brillante colofón a una actividad monacal de otrora que respetuosamente reconoce a Santo Domingo y a San Francisco como advocaciones que trataron de salvaguardar su entidad e identidad y, audazmente, lo lograron. Hoy queda su testimonio en una monumental obra en la que se invirtieron muchos esfuerzos y recursos, cuando Brasil propiciaba impulso económico suficiente a una metropoli que se beneficiaba de los retornos. El palacio Nacional de Mafra es una expresión de unas convicciones espirituales que conjugan la ostentación y grandeza terrenales, que quiere materializarlo desde una tradición que articula el conocimiento esotérico dominante en la época.

Un brillante resultado que corona una celebración del Soberano Capítulo Rosacruz Iberia N. 11, en los Valles de España y Portugal, que ya comienza a preparar el siguiente evento. Nos vemos en Toledo en noviembre. Una nueva ocasión para aprender y disfrutar de lo que nos une.

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