En recuerdo de todos nuestros Hermanos que han pasado al O.·.E.·.

El pasado día 2/02/2018 el Soberano Capítulo Rosa Cruz “IN MEMORIAM Nº 300” celebró en Madrid, bajo la presidencia de su Muy Sabio Maestro el S.·.G.·.I.·.G.·. Felipe Herranz Guerrero, 33º una solemne tenida blanca por todos nuestros HH.·. que han pasado al O.·.E.·. en el último año. El templo se quedó pequeño para acoger a todos los que quisimos estar presentes para recordarles y testimoniar nuestro amor a sus allegados. Los Oficiales del Capítulo consiguieron, además de un impecable desarrollo del ritual, transmitir una gran emotividad y afectividad, acorde con la demostrada por los panegiristas que leyeron las “laudationes funebris” que a continuación transcribimos.

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EN RECUERDO DEL SOBERANO GRAN INSPECTOR GENERAL JOSÉ LUÍS LACASA RIVERO, 33º

Como indica nuestro ritual, la actividad masónica que nos reúne hoy, no es un adiós a los hermanos que de alguna forma queremos honrar en este día, ya que sabemos que ellos siguen formando parte de la cadena de unión de nuestra orden en el Oriente Eterno y que desde ese lugar seguirán alentándonos para que nuestro trabajo en aras de un mundo mejor sea más perfecto.

Pero sí es éste un acto de recuerdo y cariño hacia ellos, tal es el motivo que me mueve hoy, en nombre de la familia del Supremo y por qué no decirlo de la Logia Caballeros del Templo a decir unas palabras “in memoriam” de José Luis. Me mueve para hacerlo el hecho de que aparte de los lazos familiares que con él tenía, considero que el hermano José Luis, Pepe como le conocíamos todos, ha tenido una vida masónica de larga trayectoria y en muchos aspectos ejemplar para todos los que tuvimos la suerte de trabajar con él. Soy por tanto un mero portador del parecer de muchos hermanos presentes aquí y de otros que no han podido venir pero de los que sentimos su presencia.

Desde su inicio en la Orden hace casi cuarenta años, fue un trabajador incansable, con esa tozudez aragonesa tan suya, por el bien de la institución, primero en el taller, luego en los puestos de responsabilidad que desempeñó en la Gran Logia y posteriormente en el Supremo Consejo, donde aportó lo mejor de sí mismo, que no era poco. No escatimó trabajo ni tiempo a la institución, siempre estaba disponible para todo tipo de trabajos masónicos y también en su vertiente profana, como médico, donde aplicó los valores y principios masónicos y donde atendió siempre a toda solicitud de nuestra fraternidad, y de verdad que no fueron pocas.

Yo sé que a él no le gustaría que nos prodigáramos en loas a su persona y no debemos hacerlo, ya que eso sería ir en contra de su comportamiento masónico, siempre discreto y silente en sus numerosas aportaciones fraternales, aunque no callado cuando tenía que defender el bien de la Orden, nadie consiguió callarle jamás, cuando defendía nuestros principios y valores y ello, en el foro que fuese. Es mucho lo que nos ha aportado y su ejemplo ha contribuido a hacernos mejores a todos, son muchas las piedras brutas que ha pulido.

Hoy nuestra cadena de unión se ha roto, pero ya está recompuesta y sentimos su abrazo fraternal desde el Oriente Eterno.

Gracias por tu amor y ejemplo, José Luís, siempre estarás con nosotros.

S.·.G.·.I.·.G.·. Cayetano Núñez Rivero, 33º

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EN RECUERDO DEL SUBLIME PRÍNCIPE DEL REAL SECRETO FERNANDO PÉREZ TORRES, 32º

El Sublime Príncipe del Real Secreto, Fernando Pérez Torres (1947-2017) pasó al Oriente Eterno el 26 de marzo de 2017, a escasos días de cumplir la edad profana venerable de setenta años, el 29 de abril de 2017. El GADU tuvo a bien contar con él para sus cosas. Sólo así se puede entender y compartir tal evento extraordinario y dramático en la vida humana: un Hermano entregado a los demás, capaz de dar de sí todo lo que un humano posee, de buen trato, comprometido con sus HH y con la Sociedad próxima o lejana, maestro por antonomasia, que solamente sabía hacer el bien, cordial, capaz de superar el sufrimiento, animando y consolando a los demás que a su lado sufrían en silencio los reveses que la vida nos proporciona llegado el caso y que solamente las gentes de fe son capaces de superar, desde el convencimiento de que el paso al Oriente Eterno, solo es un peldaño más.

Fue un trabajador incansable en la vida profana: maestro de profesión y, en especial, maestro masón. Inició en las tareas profanas a cientos de personas que cuidó en sus derechos minuciosamente, en una vida laboral entregada en exclusiva a servir como voz y latir por lograr la felicidad de los demás. Ejemplar como masón. Nunca dejaba de referir las dificultades como modos de hacer que el tenía que mejorar. Desde una sonrisa sincera, desde una entrega sin reservas, cultivaba escrupulosamente cuantas virtudes deben adornar a un Masón. No tenía límites en la ayuda a prestar. Primero siempre en dar el paso para solucionar problemas o dificultades, no importando compensación alguna por su quehacer. Su pecunio particular también lo dispuso cuando hizo falta., Pero era su magisterio el más destacable: mostraba como amar a la masonería. Su convencimiento le permitía superar cuantas dificultades, también humanas, le presentaba su entorno.

Todo cuanto tenía nos lo transmitió. El aplauso constante a los éxitos de los demás, desvelaba su cariño y amor por los demás; su convencimiento de la importancia de las cosas bien hechas. Así que, ahora que disfruta de otro entorno, aunque a costa de privarnos de su presencia, contacto y magisterio, es seguro que el GADU lo necesitaba a su lado. Le recordamos, es inevitable, pero reconocemos que su obra no es perecedera, por cuanto su ejemplo nos hace amar las virtudes que enarbola la masonería, la compasión como directora de nuestro rumbo, la generosidad como leiv motiv y el trabajo incansable dentro y fuera de la Logia donde motivamos y debemos ser referencia de buen hacer masónico.

No cabe duda de que Fernando Pérez Torres ha cumplido una vida de dedicación en la que sobresalen los fondos y formas masónicas. Sigue presente y le recordamos.

C.·. K.·. Alberto Requena Rodríguez, 30º

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